Eduardo es peruano y, a través del Programa de Ingreso Lateral del Colegio Von Humboldt, obtuvo una beca y tuvo la oportunidad de acceder a una educación de calidad y aprender alemán. Gracias a ello, en el 2011 pudo estudiar en una universidad en Alemania.
Durante la universidad conoció a Asbi, uno de sus compañeros. El primer día no notó nada fuera de lo común. Al día siguiente se dio cuenta de que caminaba de una manera diferente y, en tono de broma, le hizo un comentario. Fue entonces cuando Asbi le contó que utilizaba prótesis y que había perdido ambas piernas en un accidente ferroviario.
A partir de ese momento, Eduardo comenzó a conocer una realidad que hasta entonces desconocía. Descubrió que una prótesis de buena calidad en Alemania podía costar tanto como dos automóviles Mercedes-Benz. Al mismo tiempo, no podía dejar de pensar en una persona amputada de su barrio en Perú que nunca había tenido acceso a una prótesis de calidad.
Con el tiempo, Eduardo terminó la universidad, desarrolló vehículos eléctricos de competición y trabajó durante varios años en la industria automotriz alemana. Aunque había alcanzado muchas de las metas que alguna vez se había propuesto, sentía que aún le faltaba algo. No había encontrado un propósito que le diera sentido a todo lo que había aprendido.
Durante la pandemia, en el 2020, llamó a Asbi y le hizo una propuesta: construir juntos prótesis de alta calidad, funcionales y mucho más accesibles. Asbi aceptó, y ambos desarrollaron los primeros prototipos.
Para comprobar que realmente funcionaban, Asbi decidió ponerlas a prueba de la mejor manera posible: las utilizó durante uno de sus viajes a las montañas. Esa experiencia les dio la confianza de que estaban construyendo algo que podía cambiar vidas.
Así nació Horus.
Tiempo después, Asdjörn decidió dejar el proyecto para dedicar más tiempo a su familia. Eduardo continuó con la misión y conoció a su primer inversionista ángel, Andreas Lehmann, un ortopedista alemán con 46 años de experiencia. Juntos digitalizaron ese conocimiento para crear un proceso que hoy permite fabricar prótesis de alta calidad en un plazo de 24 a 48 horas y a un precio considerablemente menor.
Eduardo finalmente encontró el propósito que había estado buscando: hacer posible que más personas recuperen su movilidad.







